domingo, 28 de septiembre de 2008

Preámbulo de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos



"Sostenemos como evidentes en sí mismas estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad. La prudencia, claro está, aconsejará que no se cambie por motivos leves y transitorios gobiernos de antiguo establecidos; y, en efecto, toda la experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a padecer, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia aboliendo las formas a que está acostumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, evidencia el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y proveer de nuevas salvaguardas para su futura seguridad y su felicidad."

Preámbulo de la Declaración de Independencia de las Trece Colonias, ratificada por el Congreso Continental en Philadelphia el 4 de julio de 1776. Redactado principalmente por Thomas Jefferson.

El mundo que querría Bertrand Russell


"El mundo que querría ver sería un mundo libre de la virulencia de las hostilidades de grupo y capaz de realizar la felicidad para todos mediante la cooperación, en lugar de mediante la lucha. Querría ver un mundo en el cual la educación tienda a la libertad mental en lugar de a encerrar la mente de la juventud en la rígida armadura del dogma, calculado para protegerla durante toda su vida contra los dardos de la prueba imparcial. El mundo necesita mentes y corazones abiertos, y éstos no pueden derivarse de rígidos sistemas, ya sean viejos o nuevos."


Bertrand Russell. Matemático, filósofo y escritor británico. Prefacio de la colección de ensayos sobre teología "Por qué no soy cristiano", publicado en 1956.

viernes, 26 de septiembre de 2008

El "Mos Maiorum"



Cuando lees textos de autores clásicos, griegos o latinos, percibes en numerosas ocasiones que la visión que tienen ellos de las cosas difiere a menudo con las creencias, convicciones y valores que vivimos en la actualidad de manera natural. Una de estas convicciones innatas es la idea moderna de progreso frente a la idea antigua de la degenerabilidad. La visión moderna cree, en general, en el progreso material, moral y político. Los antiguos creían, de modo igualmente espontáneo en la degenerabilidad: en la degenerabilidad material -sobre todo en el irremediable agotamiento de la tierra-, moral y política. Esto hacía que, a menudo, los revolucionarios antiguos se presentaran como reaccionarios preocupados por reconducir las instituciones a su antigua pureza: en Atenas se invocaba la "constitución de nuestros mayores"; en Esparta, la "constitución de Licurgo", y los romanos apelaban al mos maiorum (la costumbre de nuestros ancestros), tal y como Cicerón hizo a menudo.